Feministas que apoyan a los hombresDONNA LAFRAMBOISE
Las taquillas del divorcio
Pertenece a la plantilla del National Post, uno de los dos grandes diarios nacionales del Canadá y es colaboradora de otros importantes diarios y revistas canadienses. Es autora del libro The Princess at the Window: A New Gender Morality ["La princesa en la ventana: una nueva moralidad de género"] (Penguin, 1996), entre otras publicaciones. Feminista ardiente en otro tiempo, poco a poco fue cambiando de actitud ante el feminismo radical, con el que ha llegado a ser muy crítica, aunque sigue fiel a los postulados de feminismo igualitario. O dicho con sus propias palabras, se considera "feminista disidente" (dissident feminist) frente a las "feministas dirigentes" o "feministas del sistema" (establishment feminists).
En su artículo One-Stop Divorce Shops “Las taquillas del divorcio”, publicado en el National Post el 21 de noviembre de 1998, Donna Laframboise describe cómo los albergues de mujeres maltratadas han adquirido un protagonismo que los convierte en verdaderas ventanillas gratuitas donde adquirir sentencias de divorcio rápidas y absolutamente favorables.
Terri (nombre ficticio de una enfermera de 36 años) relata cómo su madre le aconsejó acudir a uno de esos albergues, donde su denuncia de malos tratos contra su esposo, aunque falsa, fue aceptada al pie de la letra. No sólo dieron por buena su historia sin más comprobaciones, sino que, en el informe presentado por el albergue al tribunal, además del supuesto historial de malos tratos, atribuyeron al marido las características típicas de un alcohólico, así como otras relativas a su falta de higiene y a imaginarias dolencias hepáticas.
Escudada en ese informe, Terri no tuvo problema alguno para obtener la custodia de sus hijos, mientras que al padre se le denegó todo derecho de visita. Más tarde, Terri se arrepintió de lo que había hecho, pero para entonces hacía más de un año que los niños no veían a su padre.
Según indica Laframboise, este tipo de recursos se han generalizado en el Canadá. Para una mujer, la forma más expeditiva de plantear una demanda de divorcio es acudir a un albergue de mujeres maltratadas y solicitar un informe. A pesar de que el personal de los albergues no conoce a los hombres acusados, ha oído únicamente la versión de una de las partes y sólo ha tenido relación con las denunciantes durante un breve periodo de tiempo y en condiciones muy artificiales, proporciona sin problema informes desfavorables para el marido que son decisivos ante los tribunales.
Los abogados entrevistados reconocen que esa táctica conduce invariablemente al mismo resultado: la mujer obtiene la custodia de los niños, con las ventajas económicas consiguientes, y el padre se ve privado de toda posibilidad de contacto con sus hijos. Una abogada reconoce que los albergues intervienen en la tercera parte de los casos en que se denuncian abusos sexuales contra niños en procedimientos de divorcio, por lo que ha solicitado reiteradamente que se investigue el rigor de los informes emitidos por esas instituciones de acogida.
Otra abogada admite haber utilizado tales informes a favor de sus defendidas, pero señala que, cuando se trata de defender a hombres acusados de malos tratos o abusos, solicita que esos informes vayan acompañados de la declaración jurada de quien los expide, ya que tal declaración le permite interrogar como testigo a quien la firma. En general, el personal de los albergues se muestra mucho más cauto ante esa posibilidad.
Como indica Terri al comienzo del artículo, ella, al igual que otras muchas mujeres, han abusado del sistema "porque es absurdamente fácil y porque siempre hay algo que ganar".

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