
El hembrismo:
sumidero
de la desdicha
El pseudónimo de Pablo Mirell abarca diversas colaboraciones coordinadas de distintos miembros y simpatizantes de la Agrupación Granadina de Madres y Padres Separados (Canaletas-Alhambra), reunidas bajo el título "El hembrismo, sumidero de la desdicha" en un libro publicado para circulación interna de las asociaciones de padres y madres separados.
En sus páginas se hace un planteamiento valiente, insólito y nada conformista con la moral social imperante, del que se nos advierte ya en el arranque del prólogo: "¿Cómo escribir el libro más impopular del mundo? El lector está a punto de descubrirlo a medida que vaya leyendo estas páginas: y es que la verdad no es agradable, sobre todo si va en contra de las reglas establecidas del juego, del 'establishment'."
El libro empieza haciendo una descripción general de la situación que se ha creado tras la degeneración del feminismo en hembrismo, término acuñado por analogía con el denostado machismo: el hembrismo es al mundo de las mujeres lo que el machismo al de los hombres. Mediante ejemplos de la vida cotidiana se describe el "caldo de cultivo" en que germinan la arbitrariedad y la presión ejercidas contra el hombre, desde los mensajes subliminales o explícitos de la publicidad hasta los casos de falsas denuncias de acoso o abuso sexual que han arruinado la vida de los acusados, pasando por el martilleo cotidiano de estadísticas desmesuradas y absurdas sobre la discriminación femenina.
Asimismo, en el libro se pasa revista a los tópicos más frecuentes sobre esa supuesta discriminación, que una sociedad sumida en la superabundancia y el bienestar y carente de todo reflejo crítico acepta sin rechistar. "¡Basta ya de opresión!", es la nueva consigna "feminista" universalmente aceptada, y en virtud de ella, se supone que los varones de hoy tienen que pagar, no sólo su "natural tendencia a la explotación de la mujer", sino la de sus antepasados. Y las mujeres deben cobrarse las facturas pendientes, no sólo de los últimos años, sino también, de paso, de los últimos siglos, en nombre de sus madres, abuelas y bisabuelas. Con esa mentalidad, el nuevo ideal feminista de mujer ha pasado de ser el prototipo más genuino de héroe, con una sabia combinación de renuncia y logros, a ser una caricatura de personaje ambicioso cuyos logros son exclusivamente mensurables en términos monetarios o de poder. De lo sublime a lo ridículo.
Fruto de ese caldo de cultivo es el hembrismo, una actitud vital que se define a través de varias características poco halagüeñas: a) cinismo sin límites, rasgo primordial de las hembristas, que nunca están dispuestas a reconocer un error; b) resentimiento, característica asociada a la propia conciencia de la mezquindad de los planteamientos hembristas; c) agresividad: las hembristas son polemistas, buscan la confrontación a toda costa y mantienen una actitud de acusación continua; d) falta de escrúpulos y disposición para destruir los cimientos de cualquier relación sin valorar las consecuencias del desastre (por ejemplo, para los hijos), o para apuntarse a la nueva moda de la maternidad en solitario, sin importarles la semiorfandad del hijo; d) despotismo, propio de personas convencidas de que siempre tienen razón mientras que todos los demás están equivocados; e) feminismo a ultranza, plasmado en expresiones como "mi cuerpo es mío", "tengo derecho a realizarme", "el hombre nos oprime", etc.
Por supuesto, el hembrismo no es una actitud exclusivamente femenina, sino que también son frecuentes los varones que adoptan posiciones hembristas radicales y que se pondrán siempre del lado de la mujer, tenga o no razón, porque es la moda o, tal vez, como forma de sublimar su machismo latente: a fin de cuentas, los extremismos siempre acaban por darse la mano.
¿En que se parece el hembrismo al feminismo?, se pregunta el autor. En nada, es la respuesta. El feminismo auténtico se esfuerza por comprender a los hombres tanto como a las mujeres y por situar a ambos en un plano de igualdad. Las verdaderas feministas piden los mismos derechos que los hombres al tiempo que reclaman sus mismas obligaciones, y critican tanto las carencias del varón como las suyas propias.
El feminismo no se complace en fingir que las mujeres son las víctimas de este mundo, y renuncia a explotar en su favor cualquier tipo de discriminación ajena. Razona y es tolerante. Trabaja duro y con coherencia y sensibilidad. Yerra, como toda iniciativa humana, pero es capaz de reconocer sus yerros. Entre feminismo y hembrismo no existe nada en común.
El libro aborda, a lo largo de varios capítulos, las dificultades de la convivencia en pareja y las consecuencias de las rupturas, especialmente cuando hay hijos de por medio. En sus páginas se analiza el marco legal del divorcio, se presentan datos estadísticos y se exponen las experiencias personales de las "víctimas" por antonomasia del divorcio: los padres separados y sus hijos.
A través de numerosos relatos de los propios protagonistas nos familiarizamos con la hondura de lo que algún autor ha denominado "la más grave violación de los derechos humanos en Occidente". Y aprendemos a respetar la regla de oro que sirve de divisa al libro y que debe inspirar siempre las acciones de las madres y los padres separados:
"Querer a un hijo no es obligarlo a vivir con nuestras "verdades", sino ayudarle a que pueda vivir sin nuestras mentiras".
Capítulo VII del libro Hembrismo: sumidero de la desdicha
sumidero
de la desdicha
El pseudónimo de Pablo Mirell abarca diversas colaboraciones coordinadas de distintos miembros y simpatizantes de la Agrupación Granadina de Madres y Padres Separados (Canaletas-Alhambra), reunidas bajo el título "El hembrismo, sumidero de la desdicha" en un libro publicado para circulación interna de las asociaciones de padres y madres separados.
En sus páginas se hace un planteamiento valiente, insólito y nada conformista con la moral social imperante, del que se nos advierte ya en el arranque del prólogo: "¿Cómo escribir el libro más impopular del mundo? El lector está a punto de descubrirlo a medida que vaya leyendo estas páginas: y es que la verdad no es agradable, sobre todo si va en contra de las reglas establecidas del juego, del 'establishment'."
El libro empieza haciendo una descripción general de la situación que se ha creado tras la degeneración del feminismo en hembrismo, término acuñado por analogía con el denostado machismo: el hembrismo es al mundo de las mujeres lo que el machismo al de los hombres. Mediante ejemplos de la vida cotidiana se describe el "caldo de cultivo" en que germinan la arbitrariedad y la presión ejercidas contra el hombre, desde los mensajes subliminales o explícitos de la publicidad hasta los casos de falsas denuncias de acoso o abuso sexual que han arruinado la vida de los acusados, pasando por el martilleo cotidiano de estadísticas desmesuradas y absurdas sobre la discriminación femenina.
Asimismo, en el libro se pasa revista a los tópicos más frecuentes sobre esa supuesta discriminación, que una sociedad sumida en la superabundancia y el bienestar y carente de todo reflejo crítico acepta sin rechistar. "¡Basta ya de opresión!", es la nueva consigna "feminista" universalmente aceptada, y en virtud de ella, se supone que los varones de hoy tienen que pagar, no sólo su "natural tendencia a la explotación de la mujer", sino la de sus antepasados. Y las mujeres deben cobrarse las facturas pendientes, no sólo de los últimos años, sino también, de paso, de los últimos siglos, en nombre de sus madres, abuelas y bisabuelas. Con esa mentalidad, el nuevo ideal feminista de mujer ha pasado de ser el prototipo más genuino de héroe, con una sabia combinación de renuncia y logros, a ser una caricatura de personaje ambicioso cuyos logros son exclusivamente mensurables en términos monetarios o de poder. De lo sublime a lo ridículo.
Fruto de ese caldo de cultivo es el hembrismo, una actitud vital que se define a través de varias características poco halagüeñas: a) cinismo sin límites, rasgo primordial de las hembristas, que nunca están dispuestas a reconocer un error; b) resentimiento, característica asociada a la propia conciencia de la mezquindad de los planteamientos hembristas; c) agresividad: las hembristas son polemistas, buscan la confrontación a toda costa y mantienen una actitud de acusación continua; d) falta de escrúpulos y disposición para destruir los cimientos de cualquier relación sin valorar las consecuencias del desastre (por ejemplo, para los hijos), o para apuntarse a la nueva moda de la maternidad en solitario, sin importarles la semiorfandad del hijo; d) despotismo, propio de personas convencidas de que siempre tienen razón mientras que todos los demás están equivocados; e) feminismo a ultranza, plasmado en expresiones como "mi cuerpo es mío", "tengo derecho a realizarme", "el hombre nos oprime", etc.
Por supuesto, el hembrismo no es una actitud exclusivamente femenina, sino que también son frecuentes los varones que adoptan posiciones hembristas radicales y que se pondrán siempre del lado de la mujer, tenga o no razón, porque es la moda o, tal vez, como forma de sublimar su machismo latente: a fin de cuentas, los extremismos siempre acaban por darse la mano.
¿En que se parece el hembrismo al feminismo?, se pregunta el autor. En nada, es la respuesta. El feminismo auténtico se esfuerza por comprender a los hombres tanto como a las mujeres y por situar a ambos en un plano de igualdad. Las verdaderas feministas piden los mismos derechos que los hombres al tiempo que reclaman sus mismas obligaciones, y critican tanto las carencias del varón como las suyas propias.
El feminismo no se complace en fingir que las mujeres son las víctimas de este mundo, y renuncia a explotar en su favor cualquier tipo de discriminación ajena. Razona y es tolerante. Trabaja duro y con coherencia y sensibilidad. Yerra, como toda iniciativa humana, pero es capaz de reconocer sus yerros. Entre feminismo y hembrismo no existe nada en común.
El libro aborda, a lo largo de varios capítulos, las dificultades de la convivencia en pareja y las consecuencias de las rupturas, especialmente cuando hay hijos de por medio. En sus páginas se analiza el marco legal del divorcio, se presentan datos estadísticos y se exponen las experiencias personales de las "víctimas" por antonomasia del divorcio: los padres separados y sus hijos.
A través de numerosos relatos de los propios protagonistas nos familiarizamos con la hondura de lo que algún autor ha denominado "la más grave violación de los derechos humanos en Occidente". Y aprendemos a respetar la regla de oro que sirve de divisa al libro y que debe inspirar siempre las acciones de las madres y los padres separados:
"Querer a un hijo no es obligarlo a vivir con nuestras "verdades", sino ayudarle a que pueda vivir sin nuestras mentiras".
Capítulo VII del libro Hembrismo: sumidero de la desdicha

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